La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas;poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario;los mosquitos pueden volar tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles, y cuando deseamos viajar nos dirigimos a una agencia de vapores en vez de metamorfosear una silla en un trasatlántico.
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